Sí, ustedes han leído bien: culos enormes y con interrogantes.
Empecemos por lo políticamente correcto, a las soeces pasaremos después. ¿Cómo van transcurriendo los días? ¿La vida bien? Ahora que ya hemos saludado, podemos dar continuidad a lo que verdaderamente interesa: la chicha.
Recuerdo cómo hace unos años (sobre 15 o así, ¡qué joven era yo y qué buena memoria tengo!) las tetas operadas estaban de moda. Ponías la tv para ver el famoso Diario de Patricia y dedicaban algún programa a adivinar si las "invitadas" tenían el pecho operado o natural. Fueron unos años de ver desastrosas operaciones con tetas descomunalmente desproporcionadas. Yo en aquella época flipaba.
Para ser sinceros y para quienes me conozcan de hace mucho, y los que no también, yo siempre he sido chica de tetas grandes. Muy grandes. La gente te llega a crear complejo, como lo de estar gordos o delgados. Pues bien, una servidora, en su época de adolescente hasta los 20 y muy poquitísimos, quería operarse el pecho y que le quitasen volumen (a Dios gracias que no lo hice). Sí, porque mientras unas querían más y más Yola Berrocal, yo envidiaba a quienes no tenían tetas.
Afortunadamente, esa moda pasó, como muchas otras. Hoy en día se siguen viendo pechos operados, pero muchos de ellos son intervenidos en clínicas de bien donde te los dejan de forma natural y bien puestitos igual que queda el bolsillo.
A día de hoy, la moda son los culos. Sí, culos. No sé qué le pasa al género masculino (el que a mí me atrae) que están obsesionados. Preguntan a un chico qué busca en la chica de sus sueños y la gran mayoría dicen un buen culo (y luego las tetas, ¿vale?). En las redes sociales cuelgan fotos de chicas con unos culos que dan envidia (o por lo menos a mí).
El año pasado, después del verano, tenía un complejo enorme: mi culo, ese que siempre he tenido un poco acarpetado, estaba más plano que nunca, de hecho casi ni existía. Me iba a las tiendas a probar pantalones y salía de los probadores con ganas de llorar. Entonces me planté y me dije a mí misma: Rebeca, corazón, cúrratelo en el gimnasio y a darle caña al culo. Así fue como empecé con las sentadillas, alguna máquina que me permitiese trabajar las nalgas y, sobre todo, mi amada máquina de step, esa que me hace sudar y quemar como ninguna otra.
Queridos lectores, puedo asegurar que mi culo empezó a formarse. No tengo un culo impresionante, pero creo que tan mal no está. He pasado de un culo acarpetado a un culo agarrable.
- Inconveniente: una va tan tranquila, caminando por la calle, con unos leggins y pasa delante de gente de la que puede oír comentarios y demás, como por ejemplo los ¡óle, óle!. Y también están las miradas lascivas, el que estés haciendo sentadillas en tu lugar de entrenamiento y te den un rodeo con repaso incluido, etc.
- Ventaja: tú te sientes genial con tu culo y orgullosa del trabajo que has hecho. Y lo mejor de todo es que quieres mejorar y esforzarte para que le encante el progreso a una única persona porque el resto te dan igual. Ah, y los pantalones quedan genial.
Y como dato a añadir... Estas dos últimas semanas están siendo un poco flojillas anímicamente, pero cuando hay días malos sé que habrá otros mejores y que lo malo me sirve de experiencia. Positividad y hacia delante. Toca seguir esforzándose para conseguir los objetivos, para cumplir los sueños.
Luego está el tema ansiedad, que ha sido (es) horrible. Esta semana me he zampado para merendar: un día una tableta de chocolate en bocata, otra una palmera de chocolate y un croissant de espelta, otro unas palomitas... Pero hoy fuí buena y merendé dos frutitas (para compensar la napolitana de crema y el croissant seco de esta mañana).
Por circunstancias laborales, desde esta semana no como en casa, como en el comedor de uno de los colegios donde trabajo. Reivindicación: dicen que los menús escolares están diseñados por nutricionistas, pero a mí me parece que esa comida de sana tiene poca. Vale que hay verduras, pero todas rehogadas, con tomate, con mayonesa, etc. Patatas fritas como guarnición a algunos platos, rebozados, etc. Yo procuro comer lo más sano que puedo, pero es que a mí me gusta la manera en la que yo cocino porque me está todo más rico... Menos mal que después de comer me voy al otro cole que está a unos 20 minutos caminando a buen paso.
Así que ahora mis días son: entrenar, estudiar, trabajar. Y por la noche saco ganas de donde sea para caminar unos 40 minutitos, me ayudan a despejar la mente porque al final del día buena falta me hace o acabo cabreada o tan sensible que hasta algún día se me ha caído alguna lágrima (momentos malos que alguna vez tienen que tocarnos).
Y aquí os dejo una foto de esta no lograda influencer intentando trabajar un poco la espalda.
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| 5 de octubre de 2017 |
Queridos lectores, me despido de ustedes hasta más ver. Ya sabéis lo que os digo: pensad en lo que queréis y hasta dónde estáis dispuestos a llegar. Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero ésta no llega de un día para otro: hay que trabajar duro y tener días malos para poder disfrutar de los buenos. No decaigáis porque nuestra actitud es un elemento fundamental que nos permitirá llegar a esa meta que tenemos. Disfrutad del momento, aprovechad las oportunidades que tengáis. Y según vayáis avanzando mirad, alguna vez, hacia atrás y sentid orgullo de todo lo que estáis consiguiendo.
¡Nos leemos pronto!

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