¡Feliz año nuevo! Primera entrada del año y, además, después de mucho tiempo.
Como bien he recalcado en alguna ocasión, este año no puedo practicar tanto deporte vespertino como acostumbraba a hacer: con suerte llego a entrenar una hora máximo en el gimnasio (y el año pasado hacía 2 horitas ricas). Si bien es cierto que no paro a lo largo del día y me gusta poder caminar un poco a última hora de la tarde.
Desde hace bastante tiempo llevo una alimentación que es sana, pero muy pecaminosa. ¿Qué quiere decir esto? Que procuro comer sano, pero peco demasiado con alimentos que, por mi bien estructural, debería evitar.
Hace unos años sufría de horribles dolores de espalda, eran tan odiosos que no podía ponerme en según qué posturas tumbada y sufría en cada movimiento que hacía, no lograba descansar bien por la noche, no podía estar mucho rato de pie quieta, etc. Acudí a la que, para mí, es la mejor fisio que haya podido tocar mi cuerpo en mi corta vida. Ante situaciones que tengan que ver con la salud lo mejor es ponerse en manos de profesionales adecuados. Ella me devolvió la vida, las ganas, la fuerza, la energía. Pero, sobre todo, me enseñó que había alimentos que dañaban mi cuerpo (solo el MÍO) y que, por lo tanto, era recomendable que los evitase. Y, efectivamente, mi cuerpo mejoró, los dolores desaparecieron y eso hizo que yo pudiese dedicarme a hacer deporte que, combinándolo con unos buenos hábitos, fueron dando unos increíbles resultados.
Llevo una temporada haciendo con mi alimentación lo que me sale del unicornio y, al principio, no te das cuenta, pero todo suma más y más hasta que el cuerpo te empieza a enviar señales. Al principio del verano tuve algún dolor de espalda, pero tengo que decir que a mí las preocupaciones también se me manifiestan en ella. Aun así, todo influye.
Estas vacaciones de Navidad he tenido tres episodios de dolor y ya he empezado a asustarme. He comenzado a cambiar poco a poco otra vez mi alimentación y, en el supuesto que no mejore, tendré que confiar en los profesionales
Este 2019 quiero ponerme las pilas, recuperarme, tonificarme. Quiero poder disfrutar de mi cuerpo sin dolor.
Todo lo que hagamos nos repercute en el cuerpo y el alma. Recordemos el mens sana in corpore sano. No hay nada mejor que concienciarse, tener una idea de qué es aquello que quiero conseguir e ir a por ella sin miedo. Comer bien, hacer ejercicio mental y corporal, y procurar descansar bien, son actos que nos van a beneficiar mucho a nivel de salud física y mental.
Cuando toda tu vida has tenido sobrepeso acabas acostumbrándote a esa imagen. Pero llega el día en el que decides plantarte y hacer lo posible por conseguir bajar cifras. El problema llega cuando bajas y te sigues viendo de la misma manera. Es muy duro que te cambie el chip de un día para otro. Necesitas tiempo para que tu mente asimile que tú, ahora, eres la mitad o menos de lo que un día fuiste. Las fotos cada X tiempo ayudan mucho a la hora de hacer las comparaciones.
Últimamente, debido a unos u otros motivos, mi ánimo no ha estado siendo tan positivo como suele ser y eso me ha repercutido en el estado físico. Es bueno darse un tiempo de reflexión para organizar ideas e intentar no agobiarse tanto (soy la Señorita Agobios, ¿vale?) porque eso nos facilitará más el llegar a nuestras metas.
Esta vez no adjunto imagen alguna, pero intentaré no tardar tanto en crear una nueva entrada y poner algunas.
Y, por último, recordad que quien no arriesga no gana.
Nos leemos pronto.