Queridos lectores:
Llevo casi un año sin actualizar mi preciado blog y no tengo perdón alguno. Se le llama pereza, olvido, "vacaciones"... y todo aquello que se pueda englobar.
Han sido unos meses (y siguen siéndolo) de incertidumbre a consecuencia de la maldita pandemia. Pero es en los momentos más difíciles cuando somos más fuertes. Caerse y levantarse las veces que sean necesarias y con más fuerza que la anterior. Aprender de las adversidades que nos suceden y sacar el lado positivo.
Las eternas semanas de cuarentena no me vinieron mal: aprendí que puedo entrenar en casa, tener tiempo para pensar no acabó siendo tan malo, cocinar buscando la receta más sana o inventándola, escribir, leer un montón...
No llegué muy mal al verano, digamos que de físico y fondo iba bastante bien, pero las vacaciones con cervecita y picoteo acaban pasando factura. Intentas hacer deporte, pero acaba siendo 1/4 parte de lo que habitualmente hacías y, además, no le pones tanta intensidad.
Llega un punto en el que sabes perfectamete que el peso que indica una báscula solo es un número que puede llegar a atormentarte. Solución: no te peses. La mejor manera de no agobiarse es medirse e ir viendo cómo los centímetros van disminuyendo. Ese es el consejo que puedo ofrecer.
Mi vuelta a la rutina venía marcada por los estragos del verano y mi miedo a pisar el gimnasio después de tantos meses cerrado por el maldito coronavirus. Finalmente, inicié mis andanzas deportivas de gym a primeros de octubre. ¿Qué había estado haciendo antes? Algún ejercicio en casa y salir a correr. Septiembre fue un mes de transición y habituamiento.
Si algo llevo haciendo desde septiembre es caminar mucho y evitar el transporte público, además de comer sano y no saltarme mis buenos desayunos del domingo. Esos pequeños detalles hacen mucho.
Cuando digo que las básculas atormentan es porque llevando ya un mes de gimnasio yo me notaba menos volumen corporal, pero el número en la báscula no indicaba eso. Sin embargo, la cinta métrica decía lo contrario.
Hace poco, para ser exactos el 30 de diciembre, me hice una foto igual a una que me había hecho en septiembre. Casi me da un algo cuando vi el cambio y de ahí el título de vergüenza fuera.
El cambio se nota a simple vista: menor volumen abdominal y de piernas, más tonificación, menos celulitis. Y puedo decir que ha sido la primera vez en mi vida que he llegado con "buen tipo" a nochevieja.
Muchas veces sentimos vergüenza a mostrar el cuerpo, pero no hay pudor si llevamos bikini cuando llevamos puesto lo mismo que si llevásemos la ropa interior. Cuando progresas lo mejor es sentirse orgullosos.
No sé si sirvo de inspiración o modelo a seguir, pero puedo decir que si se quiere se puede. Mi cambio comenzó hace 5 años. No pensé que llegaría a tener un cuerpo como el que tengo a día de hoy ni nunca lo imaginé. Cambié mis hábitos y comencé a ver resultados, eso me animó a seguir e informarme más. No había una meta fijada, simplemente llegaría hasta donde pudiese sin agobiarme. A día de hoy puedo decir que lo conseguí.
Hubo quien no dio ni un duro por mí, quien pensaba que perder peso estaba bien pero creían que lo recuperaría y con recargos. Gente que te lo decía y gente que lo pensaba y se callaba. Miradas y comentarios cargados de pullas y recochineo. ¿Que qué hice yo? No escuchar a quienes criticaban incluso en silencio y seguir con mi camino. Mi mejor acierto.
Siempre estaré dispuesta a mostrar mi ayuda a quien me la pida, a servir de apoyo y brindar ánimos. No soy experta en nada y solo puedo hablar de mi experiencia. Lo que a mí me vino bien puede que a otras personas no. Eso sí: constancia y esfuerzo, el resto va llegando solo.
