martes, 18 de julio de 2017

Quiero compartir algo...

...y lo voy a hacer porque para algo tengo esto: para expresarme y contaros novedades.

Buenas, noches, familia. Hoy ha sido un día casi perfecto, y me lo merecía después de lo mal que lo pasé ayer (por eso digo que si un día estoy abajo al siguiente quiero estar en lo más alto). El trabajo bien, gracias, hoy incluso bailé en él y sienta muy bien para liberar la mente y el cuerpo.

Hoy llegué a casa un poco cansada, pero no asqueada. Por lo menos hoy no fuí dando cabezazos en la Renfe, eso ya es un paso importante. Pude dormir una siesta de media hora (sí, me he superado en 10 minutos) y me he despertado cabreada como muchas otras veces. Y, al poco de despertarme, me traen a casa el paquete que me había llegado esta mañana y que me ha puesto tan contenta y feliz que no sabía si llorar, saltar o morir de alegría: por fin tengo vestido para la boda. ¿Que por qué me pone tan contenta? Porque llevo meses torturándome mentalmente pensando en qué podría llevar, hasta que por fin vi en internet esa preciosidad, pero no la encontraba en la tienda y tenía incertidumbre por si iba a acertar con la talla y al final... ¡BINGO!

Toda aquella persona que me conoce sabe que soy de esas personas que se tira encima kilos y más kilos de tierra, pero alguna vez digo eso de pero si no tengo abuela tendré que decírmelo yo. Pues eso mismo me ha pasado nada más probarme el vestido porque estoy preciosa y eso que me lo puse recién despertadita de la siesta, con cara de cansada y cabreada, sin tener la raya del ojo pintada, etc. (no sigo más). La verdad que cuando yo vi por primera vez el vestido en la modelo de la foto pensé que tenía que quedarme bien, digamos que mi intuición no me falló (afortunadamente). Ah, y no va a haber imagen mía con el vestido hasta que llegue el día de la boda, es secreto igual que hacen las famosas.

También mi plan para esta tarde era quedarme vagueando un poco en casa y bajar a darme un pequeño paseo cuando bajase el sol. Mentira. He acabado en Serrano, viendo alguna tienda, paseando, viendo gente... Y le digo a mi amiga vamos al Rodilla que me apetece mucho. Y allí que nos hemos ido a tomar un refrigerio que a mí me ha sabido a gloria porque la última vez que estuve en uno me tomé un té. (Hago apartado para quienes siguen creyendo que tomar y comer algo para mí está prohibido y que como no ingiero casi alimentos he adelgazado mucho: envidia).

     
Queso azul con rúcula y pollo al curry

Y hoy era de uno de esos días en los que me planto uno de mis vestido más sencillos, cómodos y veraniegos, me calzo unas zapatillas y que la tarde me guíe. Pues bien, volví caminando hasta mi casa desde la calle Serrano y hoy, según mi móvil, he caminado algo más de 21.000 pasos (11'2 km).

Prosigo. ¿Sabéis esa sensación de caminar felices pensando en que hoy nada te va a quitar la sonrisa de la cara porque has conseguido tu propósito? De verdad que no hay nada mejor. Porque hoy me di cuenta que todo este esfuerzo ha valido la pena, que el cambio que comencé a dar me ha mejorado como persona, que aprecio mucho más las pequeñas cosas y detalles que me regala la vida, que vivir merece la pena y luchar por lo que se quiere sin rendirse te satisface más que nada. 

Iba yo volviendo a casa, paso a paso, pensando en mis cosas, con la cabeza bien alta y mirando al frente. Hoy no me importaba que me diesen un "repaso" con la mirada ni que me observasen el culo, total... no lo van a tocar. Me daba igual si me decían algo, hoy no he agachado la cabeza ni la mirada: he seguido mi camino. Madrid estaba distinto, especial. Se me ocurrían mil cosas porque el sol comenzaba a bajar y yo estaba demasiado poética, pensativa y soñadora. ¿De verdad me ha podido alegrar tanto el vestido? Sí, de verdad. 

Hace no tanto que he llegado a casa, me he duchado y he observado que, efectivamente, el esfuerzo tiene su bien merecida recompensa. Queda camino, pero hay resultados y mi cuerpo se empieza a acostumbrar a esta nueva... ¿forma?

Mi consejo es: no dejéis que un mal día pueda estropear el resto y pensad que si hoy algo salió mal mañana saldrá mejor porque habremos aprendido de aquello en lo que erramos. Nada mejor que analizar lo que fue mal para mejorarlo. Está en nosotros conseguir lo que nos propongamos, somos quienes más tenemos que querernos y hacerlo por nosotros, ¿quién mejor?

Y hasta aquí escribo porque va siendo hora de intentar cenar (aunque después de beberme más de un litro de agua no tengo muchas ganas, pero bueno, haré que vengan). Sólo quería compartir este día tan feliz para mí y, bueno, quien la sigue la consigue.

jueves, 13 de julio de 2017

Rutina, rebajas y otras cosas ¿bonitas?

Jueves 13 de julio. Me encuentro en Madrid, son las 22:20 h de la noche y hay algo más de 35 grados. No, no me asfixio de calor porque mi cuerpo ya se ha acostumbrado a tales temperaturas. Tampoco me enfado porque me paso medio año pidiendo calor (soy una soriana friolera, una especie en peligro de extinción). Este verano tan atípico para mí me está sorprendiendo más de lo normal, no sé si para bien o para mal.

Mañana se cumplirán tres semanas de que empecé en el trabajo de monitora de campamento y odio madrugar para ir a trabajar. Las dos primeras me resultaron difíciles en cuanto a rutina: perdí peso, mi cuerpo estaba demasiado cansado, mi mente saturada, el ánimo un poco caído... Pero me sorprendí cuando el lunes aguanté el día muy enérgicamente, y el martes, y el miércoles y... ¿hoy?

Noto que me he acostumbrado a dormir menos y nada por la noche, a levantarme cagándome en todo, a caminar por la calle con los ojos medio cerrados porque me molesta la luz y tengo sueño, a dar cabezadas en el tren cuando vuelvo del trabajo con el miedo de acabar en vaya usted a saber dónde, a querer dormir una siesta digna y dar gracias si consigo que se prolongue a 20 minutos... Y después de todo esto tengo energía para hacer deporte o ir a la piscina si me invitan. No estoy yendo al gimnasio como me gustaría, pero ya estoy yendo más que el verano pasado. De verdad, los niños agotan mucho y me paso el día caminando así que compenso cuando no acudo al templo (y si no pues me voy a caminar por ahí, tan tranquila y feliz). Rutina.

A todo esto hay que sumarle esos días en los que te acercas a las rebajas por X motivo... ¿Por qué cuando estaba gorda las tallas L y XL brillaban por su ausencia y ahora las hay a millones? Y ya no es eso... es que la talla M no la veo por ningún sitio en las prendas que me gustan. Indignada es poco. Esto de las operaciones bikinis se nos está subiendo demasiado, ya podéis poneros a coger talla para que me queden a mí las M, hombre.

Una va con toda su buena fe del mundo y un poco de pena por lo que va a venir de tiendas para ver qué hay. Al entrar a la tienda no sabes si estás en el mercadillo de un barrio marginal, en un rastrillo benéfico o en el año 2010. Comprobado que sacan la ropa de años atrás y las ponen de rebajas, mientras la ropa interesante la pasan a nueva colección y te quedas con la misma cara de gilipollas que tienes. Cuando por fin encuentras algo de tu agrado (y actual) te pones a buscar la talla y pueden pasar dos cosas: que estén todas menos la tuya y demás, o que haya talla y vayas al probador. En el segundo caso te dispones a ir al probador, haces la media hora de cola y, cuando te pones esos pantalones (por ejemplo) te das cuenta que te hacen falta más sentadillas y ejercicios de culo o buscar otro modelo de pantalones. Qué triste es la vida de las rebajas y qué de mierda ponéis, cabrones.

Igualmente sacaremos el lado positivo de esto: ahorramos dinero porque no compramos una mierda.

Y, pese a todo, no estoy enfadada aunque muchas veces lo parezca. ¿Que por qué digo esto? Porque con frecuencia voy por la calle con el ceño fruncido y no es que esté cabreada, sino que tengo tanta tensión (de siempre) en mi cuerpo que voy así. Algunas veces voy con la mirada perdida mirando al horizonte, otras observando a la gente y, a veces, hasta sonrío pero me avergüenzo porque la gente me mira. ¡Qué cosas!

Os voy a dar un consejo que yo no me aplico, pero que vosotros tenéis que hacer, ¿vale? Por favor, no os acomplejéis de vuestros cuerpos, vuestros rasgos, gestos... NO. Cada persona somos un mundo y nadie es perfecto. No dejéis que los comentarios de los demás puedan haceros daño, no seáis como yo, de verdad os lo digo. Poco a poco intento cambiarlo y siento progresos. Tenemos que salir a la calle con la cabeza bien alta, sacando pecho y diciendo Aquí estoy yo. Altos, bajos, gordos, flacos, más guapos, menos guapos, rubios, morenos, etc. todos con nuestras imperfecciones que nos hacen perfectos y eso, queridos lectores, es lo más maravilloso de todo.

Como siempre os digo: a por vuestras metas. No os dejéis pisar porque si en vuestra mente está conseguirlo nadie os lo podrá impedir, no lo permitáis. Esfuerzo, confianza, concienciación, dedicación y a por todas. Ah, y siempre con una sonrisa.

Aquí termina la entrada. Feliz ola de calor, yo la voy a disfrutar trabajando y lo que surja.