martes, 27 de junio de 2017

¿Será el verano?

Buenas noches. Creo que es martes porque no sé ni en qué día vivo y, oye, me gusta no saber el día, las horas y todo eso porque significa que mi mente está ocupada.

Estoy actualizando seguidamente porque sé que en unas semanas voy a estar de merecidas vacaciones y esto quedará un poco apartado (como es lógico, ¿no?), pero quería contar lo que me está pasando en estos días.

Resulta que el calor que ha estado haciendo en estas últimas semanas ha sido un poco asqueroso. Y no es que el calor haya estado solo en Madrid, porque me fui al pueblo y casi acabo asadita. Que viene otra ola de calor decían... ¡pero si no se fue!

Pues entre el calor y que mi vida las dos primeras semanas de junio fue un auténtico caos y agobio... no tenía ganas de hacerme cosas elaboradas para comer, prefería algo sano y rápido así que he sobrevivido a base de gazpacho y ensaladas. 

Supongo que en el estado físico (supongo no, lo sé) influye mucho el mental y, claro, he tenido demasiadas cosas en las que pensar que no me ayudaban a equilibrar eso del cuerpo y mente. Mis rayadas, el ajetreo del día, el calor, etc. me pasaron una factura un poco elevada.

Estos días vuelvo a tener movimiento en mi día a día: trabajo toda la mañana, pero tengo las tardes libres lo que hace que supuestamente pueda comer mejor y esté más descansada. Mentira. Me levanto con hambre, pero desayuno con desganas. La comida que más me gusta es la media mañana en el recreo cuando me como mi fruta. Después, antes de salir de currar, me muero de hambre, pero cuando llego a casa se me va. Me fuerzo a comer y... ¡oh, sorpresa! Pese a estar comiendo más que antes, pero sin ganas, estoy disminuyendo.

Os cuento. La semana pasada estaba en 65'7 kg (mi peso viene oscilando entre los 64'5 kg que solo vi una vez y los 66kg). El jueves estuve de cañas y me harté a beber y comer, el viernes bebí bien, el sábado y domingo fue día de piscina y bocatas, etc. Mi sorpresa fue cuando ayer me puso unos pantalones que hacía unas dos semanas que no me ponía y... ¡me bailaban! Dada la situación he decidido pesarme esta mañana y veo 65kg... Casi me desmayo.

De verdad digo que me encanta el calor, pero odio esa sensación de tener hambre y que se me vaya todo al ver la comida o comer una miseria. ¡Con lo que me encanta comer! Y también vengo observando que como con la mente: empiezo diciendo me comería unos fideos chinos, shushi, pasta, pizza, patatas fritas, etc. pero de tanto pensarlo se me quitan todas las ganas y me rajo.

¿A vosotros también os pasa esto con el calor? Porque luego está el tema del agua... ¡no para de beber! Ah, y el tema de hincharse... Es increíble cómo al principio del calor infernal me noté las piernas y pies súper hinchados, ahora parece que mi querido cuerpo se ha ido acostumbrando poco a poco.

Y como remate final... ¡empiezo a reconocerme en el espejo y fotos! De este tema ya hablé con anterioridad: no me reconocía cuando me veía en un espejo porque me seguía viendo igual que antes de todo esto, y no me reconocía en las fotos porque mi mente pensaba que era imposible que yo fuese esa chica. Ahora cada vez que me veo en fotos o vídeos de hace dos, tres, cuatro años... pienso en que esa ya sí que no soy yo y lo más importante:; no quiero volver a tener nunca ese estado físico.

Ah, sí: me da muchísima rabia haber descubierto tan tarde esto de hacer deporte y sentirme tan bien conmigo misma. ¿Por qué no me puse antes a ello? La verdad que te hace despejar la mente y pensar con claridad, te calma y, además, consigues estar en forma. Porque a mí antes me preguntaban aficiones y la del deporte no estaba por ningún sitio, pero ahora cuando me preguntan sale de las primeritas, sí, hacer deporte. Y lo mejor de todo: compartir esta afición con la gente, tus dudas e inquietudes.

Lectores míos, os puedo asegurar que lo mejor que podéis hacer en vuestras vidas es perseguir aquello que queréis, no dejar que cesen las ganas que tenéis de llegar a esos propósitos, mantener la ilusión y sonreír en cada avance. Somos los únicos capaces de conseguir lo que queremos, porque si nosotros no lo hacemos no nos lo hará nadie. Y no os avergoncéis de mostrar quiénes sois porque ser uno mismo es de las cosas más maravillosas que podemos hacer: ríe, llora, canta, grita, baila, salta, sé feliz... pero sé tú.

Espero tener espíritu para poder actualizar antes de las vacaciones que todavía me queda un mes así que ánimo a todos, aunque he de decir que en un mes la operación bikini no se consigue, eh. Yo sigo intentando la Operación Buenorra en Bikini. ¡Nos estamos leyendo!


PD: Perdonad por esta entrada un tanto sosa, tengo inspiración pero el tema no daba para marcar tanto humor, jeje.

lunes, 19 de junio de 2017

¿Gordofobia?

Sí, como leéis, mis queridos lectores: gordofobia.

Se me olvidaba: buenas y calurosas tardes. Me encuentro aquí, delante de mi pc, después de una gratificante ducha de agua caliente (hacedme caso que es lo mejor para combatir el calor) y me he dicho coño, Rebeca, tienes que hacer una reivindicación. Y así es como me he plantado a escribir.

La gordofobia vendría a ser ese "miedo" por la gente que tiene sobrepeso, obesidad, etc.; es decir, los gordos de toda la vida de Dios. Y esto es como el racismo con el que todos decimos que no somos racistas, pero a mí X no me gustan mucho.

Pues bien, prosigo. Todos tenemos gordofobia incluso si ya estamos gordos. Porque resulta que te sobran 10 kilitos de nada, pero ves a un sujeto al que le sobran 25 y automáticamente tu mente se dice a sí misma que esa persona está gorda, que cómo puede estar así y bla bla bla. Todo esto es el típico consuelo de tontos.

Pero a mí hay una cosa que me pone enferma y que estoy viviendo en mi propia piel. A mi parecer sigo siendo la misma persona que estos años de atrás (venga, pongamos un margen de 2 ó 3 años). Sigo haciendo teniendo mis gracias, mis enfados, mis muy peores enfados, mis rayadas, mis ilusiones, mis aficiones... en dos palabras: soy yo. Al parecer gente que casi ni me dirigía la palabra estando gorda me la viene a dirigir ahora cuando tengo un peso aceptable y un estado físico mejor que el de esas personas. Empiezan viniendo a tí con una zalamería mayor que la de un gato doméstico a primera hora de la mañana con el estómago vacío. Te intentan comer la oreja con halagos y después prosiguen a preguntarte cómo has llegado a tu actual estado. Por último pretenden bromear contigo para que por fin seáis best friends forever. Patéticos.

Y luego están esas otras personas que son escáneres andantes: te visualizan y repasan de los pies a la cabeza varias veces para analizarte y decirte o malcotillear con otros como ellos tus cambios (como si no los supiese yo).

Ah, se me olvidaban los que vienen a darte la enhorabuena repetidas veces durante el proceso: primero porque estás perdiendo peso, luego porque según esas personas estás convirtiéndote en un bombón, y por último por mantenerte. Os podéis ir a la mierda.

De verdad, odio la gordofobia de mucha gente. Está bien saber cómo no quieres estar, pero si ya estás en proceso lo que debes hacer es quejarte menos y ponerte las pilas porque si no lo paras la bola de nieve sigue rodando montaña abajo y creciendo, lo mismo quela grasa en tu barriga y en la mía también.

¿Y si nos damos la oportunidad de ser felices sin meternos tanto en la vida de los demás? Venga, ánimo, nosotros podemos.

¿Queremos tener un físico aceptable? Come sano y entrena. ¿Queremos tener una actitud positiva? Deja de lado las mierdas y concéntrate en tus metas. ¿Queremos ser felices? Persigue aquello que te apasione y te haga sentir bien. Conciencia, esfuerzo y constancia que, como ya sabéis, el resto llega solo.

Para finalizar con la entrada de hoy os voy a dejar mis posados de los últimos años... Mismo lugar, parecidas circunstancias: puesta de sol.

2015

2016

2017


Espero que reflexionéis sobre lo que acabo de escribir, aunque luego todos hacemos lo que nos sale de ahí...

¡Hasta pronto!