...y lo voy a hacer porque para algo tengo esto: para expresarme y contaros novedades.
Buenas, noches, familia. Hoy ha sido un día casi perfecto, y me lo merecía después de lo mal que lo pasé ayer (por eso digo que si un día estoy abajo al siguiente quiero estar en lo más alto). El trabajo bien, gracias, hoy incluso bailé en él y sienta muy bien para liberar la mente y el cuerpo.
Hoy llegué a casa un poco cansada, pero no asqueada. Por lo menos hoy no fuí dando cabezazos en la Renfe, eso ya es un paso importante. Pude dormir una siesta de media hora (sí, me he superado en 10 minutos) y me he despertado cabreada como muchas otras veces. Y, al poco de despertarme, me traen a casa el paquete que me había llegado esta mañana y que me ha puesto tan contenta y feliz que no sabía si llorar, saltar o morir de alegría: por fin tengo vestido para la boda. ¿Que por qué me pone tan contenta? Porque llevo meses torturándome mentalmente pensando en qué podría llevar, hasta que por fin vi en internet esa preciosidad, pero no la encontraba en la tienda y tenía incertidumbre por si iba a acertar con la talla y al final... ¡BINGO!
Toda aquella persona que me conoce sabe que soy de esas personas que se tira encima kilos y más kilos de tierra, pero alguna vez digo eso de pero si no tengo abuela tendré que decírmelo yo. Pues eso mismo me ha pasado nada más probarme el vestido porque estoy preciosa y eso que me lo puse recién despertadita de la siesta, con cara de cansada y cabreada, sin tener la raya del ojo pintada, etc. (no sigo más). La verdad que cuando yo vi por primera vez el vestido en la modelo de la foto pensé que tenía que quedarme bien, digamos que mi intuición no me falló (afortunadamente). Ah, y no va a haber imagen mía con el vestido hasta que llegue el día de la boda, es secreto igual que hacen las famosas.
También mi plan para esta tarde era quedarme vagueando un poco en casa y bajar a darme un pequeño paseo cuando bajase el sol. Mentira. He acabado en Serrano, viendo alguna tienda, paseando, viendo gente... Y le digo a mi amiga vamos al Rodilla que me apetece mucho. Y allí que nos hemos ido a tomar un refrigerio que a mí me ha sabido a gloria porque la última vez que estuve en uno me tomé un té. (Hago apartado para quienes siguen creyendo que tomar y comer algo para mí está prohibido y que como no ingiero casi alimentos he adelgazado mucho: envidia).
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| Queso azul con rúcula y pollo al curry |
Y hoy era de uno de esos días en los que me planto uno de mis vestido más sencillos, cómodos y veraniegos, me calzo unas zapatillas y que la tarde me guíe. Pues bien, volví caminando hasta mi casa desde la calle Serrano y hoy, según mi móvil, he caminado algo más de 21.000 pasos (11'2 km).
Prosigo. ¿Sabéis esa sensación de caminar felices pensando en que hoy nada te va a quitar la sonrisa de la cara porque has conseguido tu propósito? De verdad que no hay nada mejor. Porque hoy me di cuenta que todo este esfuerzo ha valido la pena, que el cambio que comencé a dar me ha mejorado como persona, que aprecio mucho más las pequeñas cosas y detalles que me regala la vida, que vivir merece la pena y luchar por lo que se quiere sin rendirse te satisface más que nada.
Iba yo volviendo a casa, paso a paso, pensando en mis cosas, con la cabeza bien alta y mirando al frente. Hoy no me importaba que me diesen un "repaso" con la mirada ni que me observasen el culo, total... no lo van a tocar. Me daba igual si me decían algo, hoy no he agachado la cabeza ni la mirada: he seguido mi camino. Madrid estaba distinto, especial. Se me ocurrían mil cosas porque el sol comenzaba a bajar y yo estaba demasiado poética, pensativa y soñadora. ¿De verdad me ha podido alegrar tanto el vestido? Sí, de verdad.
Hace no tanto que he llegado a casa, me he duchado y he observado que, efectivamente, el esfuerzo tiene su bien merecida recompensa. Queda camino, pero hay resultados y mi cuerpo se empieza a acostumbrar a esta nueva... ¿forma?
Mi consejo es: no dejéis que un mal día pueda estropear el resto y pensad que si hoy algo salió mal mañana saldrá mejor porque habremos aprendido de aquello en lo que erramos. Nada mejor que analizar lo que fue mal para mejorarlo. Está en nosotros conseguir lo que nos propongamos, somos quienes más tenemos que querernos y hacerlo por nosotros, ¿quién mejor?
Y hasta aquí escribo porque va siendo hora de intentar cenar (aunque después de beberme más de un litro de agua no tengo muchas ganas, pero bueno, haré que vengan). Sólo quería compartir este día tan feliz para mí y, bueno, quien la sigue la consigue.
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