jueves, 13 de julio de 2017

Rutina, rebajas y otras cosas ¿bonitas?

Jueves 13 de julio. Me encuentro en Madrid, son las 22:20 h de la noche y hay algo más de 35 grados. No, no me asfixio de calor porque mi cuerpo ya se ha acostumbrado a tales temperaturas. Tampoco me enfado porque me paso medio año pidiendo calor (soy una soriana friolera, una especie en peligro de extinción). Este verano tan atípico para mí me está sorprendiendo más de lo normal, no sé si para bien o para mal.

Mañana se cumplirán tres semanas de que empecé en el trabajo de monitora de campamento y odio madrugar para ir a trabajar. Las dos primeras me resultaron difíciles en cuanto a rutina: perdí peso, mi cuerpo estaba demasiado cansado, mi mente saturada, el ánimo un poco caído... Pero me sorprendí cuando el lunes aguanté el día muy enérgicamente, y el martes, y el miércoles y... ¿hoy?

Noto que me he acostumbrado a dormir menos y nada por la noche, a levantarme cagándome en todo, a caminar por la calle con los ojos medio cerrados porque me molesta la luz y tengo sueño, a dar cabezadas en el tren cuando vuelvo del trabajo con el miedo de acabar en vaya usted a saber dónde, a querer dormir una siesta digna y dar gracias si consigo que se prolongue a 20 minutos... Y después de todo esto tengo energía para hacer deporte o ir a la piscina si me invitan. No estoy yendo al gimnasio como me gustaría, pero ya estoy yendo más que el verano pasado. De verdad, los niños agotan mucho y me paso el día caminando así que compenso cuando no acudo al templo (y si no pues me voy a caminar por ahí, tan tranquila y feliz). Rutina.

A todo esto hay que sumarle esos días en los que te acercas a las rebajas por X motivo... ¿Por qué cuando estaba gorda las tallas L y XL brillaban por su ausencia y ahora las hay a millones? Y ya no es eso... es que la talla M no la veo por ningún sitio en las prendas que me gustan. Indignada es poco. Esto de las operaciones bikinis se nos está subiendo demasiado, ya podéis poneros a coger talla para que me queden a mí las M, hombre.

Una va con toda su buena fe del mundo y un poco de pena por lo que va a venir de tiendas para ver qué hay. Al entrar a la tienda no sabes si estás en el mercadillo de un barrio marginal, en un rastrillo benéfico o en el año 2010. Comprobado que sacan la ropa de años atrás y las ponen de rebajas, mientras la ropa interesante la pasan a nueva colección y te quedas con la misma cara de gilipollas que tienes. Cuando por fin encuentras algo de tu agrado (y actual) te pones a buscar la talla y pueden pasar dos cosas: que estén todas menos la tuya y demás, o que haya talla y vayas al probador. En el segundo caso te dispones a ir al probador, haces la media hora de cola y, cuando te pones esos pantalones (por ejemplo) te das cuenta que te hacen falta más sentadillas y ejercicios de culo o buscar otro modelo de pantalones. Qué triste es la vida de las rebajas y qué de mierda ponéis, cabrones.

Igualmente sacaremos el lado positivo de esto: ahorramos dinero porque no compramos una mierda.

Y, pese a todo, no estoy enfadada aunque muchas veces lo parezca. ¿Que por qué digo esto? Porque con frecuencia voy por la calle con el ceño fruncido y no es que esté cabreada, sino que tengo tanta tensión (de siempre) en mi cuerpo que voy así. Algunas veces voy con la mirada perdida mirando al horizonte, otras observando a la gente y, a veces, hasta sonrío pero me avergüenzo porque la gente me mira. ¡Qué cosas!

Os voy a dar un consejo que yo no me aplico, pero que vosotros tenéis que hacer, ¿vale? Por favor, no os acomplejéis de vuestros cuerpos, vuestros rasgos, gestos... NO. Cada persona somos un mundo y nadie es perfecto. No dejéis que los comentarios de los demás puedan haceros daño, no seáis como yo, de verdad os lo digo. Poco a poco intento cambiarlo y siento progresos. Tenemos que salir a la calle con la cabeza bien alta, sacando pecho y diciendo Aquí estoy yo. Altos, bajos, gordos, flacos, más guapos, menos guapos, rubios, morenos, etc. todos con nuestras imperfecciones que nos hacen perfectos y eso, queridos lectores, es lo más maravilloso de todo.

Como siempre os digo: a por vuestras metas. No os dejéis pisar porque si en vuestra mente está conseguirlo nadie os lo podrá impedir, no lo permitáis. Esfuerzo, confianza, concienciación, dedicación y a por todas. Ah, y siempre con una sonrisa.

Aquí termina la entrada. Feliz ola de calor, yo la voy a disfrutar trabajando y lo que surja.

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