Queridos lectores,
Os pido disculpas ante el despropósito de no haber publicado una sola entrada desde finales de abril. Un día por una cosa, el otro por otra, llega el verano, trabajas más, llegan las vacaciones y lo primero que quieres es desconectar.
¿Qué ha sucedido en estos más de cuatro meses? Uf, no sé por dónde podría comenzar a contar.
Quizá mejor es que diga que tenía muchas ganas de volver a hacer ejercicio en el gimnasio después de más de dos meses sin pisarlo. Esto no quiere decir que me haya pasado el verano entero sin hacer nada, no. En julio iba al trabajo andando y en agosto he estado saliendo a caminar todas las mañanas sobre una hora.
Cuando estamos de vacaciones tendemos a abandonar las rutinas que nos marcamos durante el año y eso es un gran error. No suelo romper mi rutina, pero tener que hacer parones en el gimnasio acaba afectando. La parte positiva es que las vueltas las coges con más ganas y tu cuerpo te ofrece recompensas con más facilidad.
El problema viene cuando tienes unos meses caóticos. Durante todo el verano he analizado cómo estaba siendo y comparándolo con el del año pasado: sin ninguna duda yo me quedo con el increible agosto que he vivido este año; y me reafirmo en que mi verano pasado fue un sueño del cual nunca quise despertar. El sol no siempre sale entre las nubes y, a veces, cuesta llegar a esa luz del final del túnel.
Dicen que las batallas más duras son para los guerreros más fuertes. Yo sólo sé que mi 2018 comenzó en febrero, cuando tenía ganas de miles de principios y cosas nuevas. Recuerdo cuando con una persona comentaba que el 2018 nos traería cosas buenas. Sí, me trajo cosas buenas, pero unas cuantas malas también.
Las caídas no pueden dejarnos en el suelo permanentemente. Tenemos que recordar que después de caerse toca levantarse, que la vida nos va a poner un montón de impedimentos y obstáculos, pero nosotros hemos de ser capaces de plantar cara a todas las adversidades.
Muchas veces me pregunto qué hubiese pasado en caso de tomar X decisión en vez de la que tomé. No sé, quizá estaría viviendo mi vida de una manera totalmente distinta, quizá hasta en un lugar más lejos, con otro trabajo totalmente distinto, disfrutando al máximo del día a día. Pensar es bueno, pero no tener tiempo para pensar acaba siento todavía mejor (por lo menos para mí).
Me llevo también algo positivo del verano: la gente sigue asombrada con mi cambio y les gusta lo que escribo, o eso es lo que me dicen. Me alegra saber que soltar palabras tiene una función y mientras sea positiva es bueno.
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| 2 de septiembre de 2018 |
La vecina rubia dice algo como que los nudos del pelo hay que quitarlos con el peine y los de la garganta llorando. Y no le falta razón, aunque yo llevo unos días con la garganta llena de nudos que son incapaces de irse. Pero esta mujer da muy buenos consejos, siempre con ese toque tan único y especial.
Hoy es de esos días que he decidido escribir, que estoy echando de menos, que no tengo ganas ni de mover un pelo, que he empezado a ir al gimnasio otra vez (lo mismo que hace justo un año) y que creo que lo que tenga que ser será, pero mantendré las promesas que en su momento me hice hasta que alguien nos revolucione a mí y a mi mundo.
Luchad por aquello que queráis, no tengáis miedo a las caídas, no tengáis miedo a los finales porque están llenos de principios. Tenéis que reír hasta que se os salten las lágrimas. Si algo no se da es porque lo que viene es mucho mejor. Y, sobre todo, vivid la vida al máximo, disfrutadla, que cada día lo hayáis vivido y luchado como si fuese el último.
Este año empiezo la Operación hearbreaker 2019 y la tengo muchas ganas. Esfuezo y constancia. No sé si lo que viene será bueno o malo, pero apuesto por los reencuentros y que sea lo que tenga que ser.
Prometo una mejor entrada, pero todo a su tiempo...

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